Embarazo y anemia PDF Imprimir Correo electrónico

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La desnutrición tiene que ver con conductas cotidianas inadecuadas, como comer comida chatarra, o alimentos que no guarden condiciones de salubridad, o deficiente alimentación debido a la pobreza.

 

La anemia se hereda desde el vientre. Según los índices que maneja el Programa Nacional de Desnutrición Cero del Ministerio de Salud, cuatro de cada diez embarazadas en el país son anémicas (menor cantidad de glóbulos rojos como consecuencia de la desnutrición), carencia alimenticia con la que puede nacer el hijo y que podría determinar su desarrollo.

 

A nivel nacional, el 37 por ciento de las mujeres llega al embarazo con deficiencias alimentarias y nutricionales.

 

Esas cifras son uno de los rostros de la pobreza, que “obedece a causas estructurales”, desde la carencia de servicios básicos, los malos hábitos alimenticios y la deficiente educación.

 

El hecho de que una familia carezca de agua potable puede poner en riesgo al niño, ya que está expuesto a gérmenes y, por ello, puede sufrir diarreas, una de las consecuencias de esa carencia. Las Enfermedades Diarréicas Agudas (EDAs) en Bolivia son la primera causa de mortalidad infantil.

 

Según el Servicio Departamental de Salud (Sedes) La Paz, en 2009 se proyecta 80.880 embarazos en el departamento. Es decir que, a nivel departamental, alrededor de 30.000 mujeres gestantes son anémicas.

 

El Plan Estratégico Nacional para Salud Materna, Perinatal y Neonatal en Bolivia 2009-2015 informa que, cada año, 623 mujeres mueren por causas relacionadas al embarazo. El 33 por ciento de esos decesos se debe a hemorragias, generalmente porque no recurren a tiempo al establecimiento para ser atendidas, o porque están debilitadas debido a mala nutrición.

 

De los casi 10 millones de bolivianos, el 27 por ciento -2,7 millones- está asegurado, pero sólo el 80 por ciento de ese total recurre a ese beneficio. El Ministerio de Salud dio a conocer que ello se debe a la difícil accesibilidad geográfica, por población dispersa y concentrada que vive en el área rural, por lo que hay un subregistro de mujeres embarazadas.

 

Causas y efectos

 

La anemia en la madre tiene consecuencias en el bebé, ya que el primer rasgo en el neonato de que su mamá padeció malnutrición crónica es el bajo peso. El Plan Estratégico Nacional de Salud Materna informa que la anemia en la madre define la talla, a nivel físico, y el desarrollo intelectual de la nueva criatura.

 

En Bolivia, seis de cada 10 menores de cinco años viven con anemia. Por ello, las acciones gubernamentales que buscan revertir la situación, como el Bono Juana Azurduy de Padilla, se centran en menores de dos años, porque en esa etapa se desarrollan física e intelectualmente, y es en ese período que hay que revertir la situación deficitaria.

 

La pobreza hace que los más afectados por la mal nutrición sean quienes carecen de servicios básicos, tienen mala alimentación, viven en lugares con baja producción en agricultura, o donde la variedad de elementos nutricionales adecuados es muy reducida.

 

Hay comunidades rurales donde aún se toma agua de pozo y los hogares no tienen condiciones de salubridad para los alimentos. La falta de información es otra deficiencia que ataca a todos los sectores sociales; por ejemplo, el elevado consumo de comida chatarra en las ciudades. Hay malas costumbres alimenticias, en el occidente, por ejemplo, el consumo cotidiano de carbohidratos: arroz, fideo y panes; las principales ignoradas son las frutas y las verduras para las ensaladas, a ello se suma que no se consume leche ni sus derivados, en parte porque son productos caros.

 

Hay una mala percepción entre la población: “comer harto” no significa comer bien, tampoco alimentarse o nutrirse. De hecho, los niños que reciben otros alimentos y no la lactancia exclusiva hasta los seis meses, suelen ser más pequeños (no llegan a su talla para la edad) y más gordos, aunque anémicos.

 

En el caso de las madres, la falta de equilibrio en la alimentación diaria es una de las causas de padecer anemia. La ausencia de verduras, hortalizas, frutas y lácteos en sus comidas diarias afecta el bienestar de la mujer y su nutrición, incluso si consume muchos carbohidratos (azúcares) o comida chatarra, como las frituras.

 

Por ello, para proteger al bebé de esas insuficiencias desde el vientre hay que consumir ácido fólico, que está presente en las frutas que menos se consume en el altiplano, como el mango, la papaya y el maracuyá. Asimismo, es determinante señalar que la erradicación de la anemia no depende de tener dinero, sino de apreciar los alimentos más ricos en nutrientes.

 

Las cifras

 

37 por ciento de embarazadas a nivel nacional tiene anemia debido a malos hábitos alimenticios, poca información nutricional y pobreza.

 

Se estima que 80.880 embarazos serán atendidos en la gestión 2009, en el departamento de La Paz, según el Servicio Departamental de Salud.

 

Y se calcula unas 32.000 mujeres gestantes en el municipio paceño, más o menos, para este año, según SUMI de la Alcaldía de La Paz.

 

Cada año, unas 623 mujeres fallecen por causas relacionadas al embarazo, la mayoría de los casos por hemorragias a causa de desnutrición.

 

Consejos

 

Un grupo alimenticio rezagado en la región andina son las frutas tropicales. Se desconoce que tienen ácido fólico, fundamental para el desarrollo del bebé y la adquisición de defensas nutricionales determinantes en lo físico y lo intelectual. Entre ésas se hallan el mango, la papaya, la guayaba, la piña, las cuales no sólo responden al requerimiento calórico, sino que son ricas en vitaminas.

 

Si bien el Desayuno Escolar ofrece alimentación complementaria con lácteos, la población no consume ese líquido de manera habitual, y con frecuencia suele reemplazarlo por té y pan. Tampoco se advierte que consuma sus derivados. Lo preocupante es que menos de 20 por ciento de las madres bolivianas dan lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de su bebé, imprescindible para una buena nutrición.

 

Un informe de 2008 del Centro Boliviano de Investigación y Acción Educativas (Cebiae) devela que la dieta paceña es poco balanceada porque destaca el consumo de carbohidratos como papa, fideo, chuño y pan. A ello se suma que quienes gozan de mayor poder adquisitivo tampoco tienen una mejor alimentación y consumen pizza, pollo frito o hamburguesas, productos que llenan el estómago, pero no nutren.

 

El consumo de carne de vaca es necesario, pero el exceso puede elevar el colesterol. En el municipio paceño se registra una baja adquisición de carnes blancas, como pescado o pollo. Los carbohidratos son preferidos para acompañar la carne roja, no así las verduras, sobre todo frescas, como lo requiere la preparación de ensaladas. También se advierte un elevado consumo de carne de cordero, que tiene un elevado nivel de colesterol.

 

Fuente: Unidad de Nutrición, Ministerio de Salud y Deportes.