¿Vuelve el Bocio y sus consecuencias? PDF Imprimir Correo electrónico

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La deficiencia de yodo fue considerada uno de los mayores problemas de salud pública en Bolivia, hace unos 25 años fue endémica con cifras de bocio que superaron el 50% en ciertas zonas del país y con niveles de cretinismo de uno por ciento. En 1984 el Ministerio de Salud y Previsión Social, con el apoyo de UNICEF, OPS/OMS, desarrollaron el Programa Nacional de Lucha contra el Bocio, PRONALCOBO, que incluye como estrategia la yodación de la sal de uso común, los resultados se expresaron en una disminución gradual de los Desórdenes por Deficiencia de Yodo, D.D.I,

 

Resultados de la vigilancia de D.D.I. en escolares en los años 1981, 83, 89 y 94 mostraron prevalencias de 60.8%, 65,3%, 20%, y 4.5% respectivamente. Otros estudios de dosaje de yodo en orina, yodurias, realizados entre 1987 y 1989 en comunidades centinelas evidenciaron ausencia de deficiencia de yodo tres y cuatro años después de la intervención con el programa PRONALCOBO. Sin embargo, después de estos avances, el sistema de vigilancia de D.D.I. se distendió y las pruebas se hicieron cada vez más esporádicas; en efecto, algunas encuestas evidenciaron el deterioro de la yodación de la sal común (encuesta MICS 2000), que comprobó que sólo el 65% de la sal que se consume en el país está yodada de manera adecuada.

 

El último estudio Determinación de las zonas de riesgo de los D.D.I., Estudio Nacional, efectuado en escolares en municipios de los nueve departamentos, muestra que los departamentos de Chuquisaca, La Paz, Potosí y Cochabamba tiene mayor porcentaje de municipios en riesgo de D.D.I. y que por el contrario, los departamentos de oriente Boliviano y Tarija tienen yodo en orina por encima del valor normal, incluso en riesgo por exceso.

 

El mismo estudio estableció que solamente el 43,88% de las sales comercializadas cumplen con la norma nacional de yodación de la sal y que 5.6% exceden los niveles que indica la norma. La recomendación que surge es de ajustar la vigilancia sobre la yodación adecuada de la sal para corregir el déficit y la sobre dosificación de los niveles de yodo en sal, como se evidenció en el mencionado estudio.

 

Entre los desórdenes por deficiencia de yodo, el bocio es el más visible, los daños más severos son el retraso mental, el cretinismo, ambos por daño cerebral y la mortalidad perinatal. Toda esta problemática de salud es prevenible resolviendo el aporte correcto de yodo en la dieta.

 

Fuente: Determinación de las zonas de riesgo de los D.D.I. Estudio Nacional, Ministerio de Salud y Deportes Bolivia, 2007.