Bolivia: “hambre oculta” PDF Imprimir Correo electrónico

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El déficit de vitaminas y minerales llamada también “hambre oculta” afecta a grandes sectores de la población boliviana, sobre todo niños de 1 a 5 años, mujeres embarazadas y adultos mayores.

 

Las consecuencias de la malnutrición, según el tipo de carencia, pueden ser: retardo en el crecimiento y en el desarrollo psicomotor; disminución de la resistencia a enfermedades y tiempos de recuperación prolongados; afectación a la capacidad de cognición expresada en retardo en las destrezas motoras, disminución de la atención y de la capacidad de aprendizaje; disminución del estado de alerta y de la actividad física; aumento en el riesgo de partos prematuros y nacimientos con bajo peso; aumento en la tasa de mortalidad infantil. Se ha establecido que 54% de la mortalidad infantil provocada por enfermedades infecciosas está asociada a malnutrición.

 

 

La deficiencia de Vitamina A en niños y niñas en Bolivia ha sido identificada en varios estudios. La Encuesta de Vitamina A realizada hacen más de diez años encontró que un 11% de niños de 12 a 71 meses presentaban deficiencia clínica de vitamina A, con concentraciones de Retinol sérico menores a 20 micro gramos, y que el 48% de estos niños presentaban deficiencia subclínica de esta vitamina. Otros estudios que corroboran estos datos son de menor alcance. 

 

Respecto al problema de las anemias, cuyas consecuencias biológicas están bien establecidas, Bolivia presenta cifras preocupantes de anemia ferropénica. Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud, ENDSA 2003, el porcentaje de anemia en mujeres de 15 a 49 años de edad fue de 33.1% (30% urbana y 39,9% rural); en los niños y niñas de 6 a 59 meses el porcentaje promedio alcanzó a 51% (46.7% urbana y 56,3% rural), siendo anemia leve un 25%, moderada un 24.3% y severa 1,7%. Otros estudios mas actuales como la Encuesta Nacional de Nutrición (2006) establece que ocho de cada diez niños entre los 6 a 23 meses de edad tiene anemia, hecho que confirma que la anemia es el problema de deficiencia nutricional mas prevalente en el país. El mismo estudio muestra que el 40% de los niños y niñas de 6 a 23 meses recibieron hierro ya sea en forma de jarabe o chispitas nutricionales, cobertura que no alcanza ni a la mitad de los niños con anemia.

 

La persistencia de anemias pone en tela de juicio la eficiencia de la suplementación con hierro y ácido fólico en mujeres en edad fértil, tampoco se ha logrado impacto significativo en niños y niñas menores de 5 años. En el año 2004, según el SNIS solo el 20% de los niños de 6 meses a 5 años que asistieron a los establecimientos de salud recibieron la tercera dosis de jarabe de hierro, situación que motivó la administración de hierro en las chispitas nutricionales (para niños de 6 meses a 2 años). En el mismo sentido, la disponibilidad y el consumo de harina fortificada con hierro son bajo en el país.

 

Finalmente, los hábitos alimentarios en Bolivia con restricción en el consumo de productos lácteos, bajo consumo de frutas y vegetales hacen presuponer que existen deficiencias en el aporte de calcio, lo cual se considera crítico sobre todo en niños y mujeres, particularmente en periodo de embarazo o lactancia. Además de los problemas de osteoroposis que son frecuentes entre la población femenina mayor de 50 años; se debe considerar además la función del calcio en las funciones de regulación de la musculatura lisa (contracción y relajación) y sobre el sistema nervioso. Las fuentes naturales de calcio no suelen ser suficientes, a ello se suman los malos hábitos alimentarios de la mayoría de la población.

 

Esta situación de “hambre oculta” reactiva la estrategia de suplementación y fortificación que lleva adelante el Ministerio de Salud y Deportes como parte fundamental de la Política de Salud y del Programa Multisectorial Desnutrición Cero.

 

La política de suplementación con vitamina A lleva varios años de vigencia; según el Instituto de Estadística INE, con base en datos de salud, en 2006 la cantidad de dosis única de vitamina A aplicada a mujeres después del parto alcanzó a 140.075 en todo el país. El número de dosis para niños y niñas entre uno y cuatro años de edad para el mismo año fue de 471.664 primeras dosis y 402.108 segundas dosis. Este tipo de suplementación, si bien se está aplicando en el país, para niños menores de 5 años, se evidenció baja cobertura con la segunda dosis, también bajos niveles de cobertura de suplementación en las puérperas debido a falta de entrega de este micronutriente inmediatamente después del parto institucional. Las evidencias de que esta estrategia no fue muy efectiva dio paso para que el Ministerio de Salud y Deportes impulsara el proyecto de fortificación del aceite vegetal con vitamina A.

 

La deficiencia de yodo fue considerado uno de los mayores problemas de salud pública en Bolivia; hace unos 25 años fue endémica con cifras de bocio que superaron el 50% en ciertas zonas del país y con niveles de cretinismo de uno por ciento. En 1984 el Ministerio de Salud y Previsión Social, con el apoyo de UNICEF, OPS/OMS, desarrollaron el Programa Nacional de Lucha contra el Bocio, PRONALCOBO, que incluye como estrategia la yodación de la sal de uso común, los resultados se expresaron en una disminución gradual de los desórdenes por deficiencia de yodo, DDI, Resultados de la vigilancia de DDI en escolares en los años 1981, 83, 89 y 94 mostraron prevalencias de 60.8%, 65,3%, 20%, y 4.5% respectivamente. Otros estudios de dosaje de yodo en orina, yodurias, realizados entre 1987 y 1989 en comunidades centinelas evidenciaron ausencia de deficiencia de yodo 3 y 4 años después de la intervención con el programa PRONALCOBO. Sin embargo, después de estos avances, el sistema de vigilancia de DDI se distendió, las pruebas se hicieron cada vez más esporádicas, en efecto, algunas encuestas evidenciaron el deterioro de la yodación de la sal común (encuesta MICS 2000), que comprobó que solo el 65% de la sal está yodada de manera adecuada. El último estudio Determinación de las zonas de riesgo de los DDI, Estudio Nacional (Ministerio de Salud y Deportes, 2007), efectuado en escolares en municipios de los nueve departamentos, muestra que los departamentos de Chuquisaca, La Paz, Potosí y Cochabamba tiene mayor porcentaje de municipios en riesgo de DDI y que por el contrario, los departamentos de oriente Boliviano y Tarija tienen yodo en orina por encima del valor normal, incluso en riesgo por exceso.

 

El mismo estudio estableció que solamente el 43,88% de las sales comercializadas cumplen con la norma nacional de yodación de la sal y que 5.6% exceden los niveles que indica la norma. La recomendación que surge es de ajustar la vigilancia sobre la yodación adecuada de la sal para corregir el déficit y la sobre dosificación de los niveles de yodo en sal, como se evidenció en el estudio.