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Las grasas o lípidos junto a los hidratos de carbono son las principales fuentes de energía del organismo y permiten la absorción de las vitaminas liposolubles (A, E, D y K) necesarias para el crecimiento, la formación ósea, la dentición, entre otras funciones. Una alimentación equilibrada debe incluir lípidos; sin embargo es bueno analizar el tipo y la cantidad.
Del total de la energía que se requiere, aproximadamente un tercio debe provenir de las grasas y de ellas una mínima cantidad que no pase del 10% deben ser grasas saturadas, este tipo de grasas derivan de animales y se encuentran en la mantequilla y en los tocinos.
Las personas no deben abusar de las grasas saturadas ya que su abuso puede derivar en la producción de enfermedades cardiovasculares y cerebro vasculares, uno de los grandes problemas de salud actual y para los años venideros. Es aconsejable el consumo de grasas insaturadas de origen vegetal y que se encuentran en la carne de pescado.
En la década de los 60 industriales de alimentos impulsaron la creación de las grasas “trans” hidrogenando parcialmente los aceites líquidos para volverlos sólidos a temperatura ambiente y usarlos en lugar de aquellas otras grasas dañinas derivadas del reino animal. Esta medida resultó ser peor para la salud, como lo establecieron las investigaciones científicas sobre el tema.
El uso de las grasas “trans” en la industria de los alimentos está masificado ya que le da mejor sabor a las preparaciones particularmente en pastelería, el producto tiene mayor duración, y da mejor contextura y volumen a las frituras. El consumo de grasas trans es alto en cantidad y frecuencia. Según los expertos en la materia las personas pueden consumir un máximo de 5 gramos al día de este tipo de grasas y solo una o dos veces por semana. Otros consideran que no debe superarse un 2% de las calorías que se ingieren diariamente.
El problema es que una alita de pollo frito a la broaster ya contiene 4,5 gramos de grasa “trans” y una porción de papas fritas puede tener hasta 3,5 gramos. Con esta cifra es fácil calcular que muchas personas consumen entre 15 y 20 gramos de estos lípidos al día.
Daños
Todos los especialistas coinciden en señalar que los ácidos de las grasas “trans” contribuyen a generar enfermedades del corazón y contraer cáncer. El consumo elevado de este tipo de grasas incrementa los niveles de colesterol malo, reduce el colesterol bueno, efecto que daña las paredes de los vasos sanguíneos provocando inflamación y mayor riesgo para formación de coágulos y aumento en el riesgo de sufrir problemas cardiacos.
Algunos ejemplos de estas advertencias:
El médico Pedro Mata, uno de los principales especialistas en España, declaró al periódico El Mundo que estos compuestos “elevan el colesterol total, el LDL [colesterol malo) y alteran el metabolismo de los ácidos grasos en los adipocitos (células que forman el tejido adiposo)”.
Según el periódico estadounidense The New York Times, los lípidos “trans” contribuyen a la muerte súbita, a la diabetes tipo 2, a la inflamación y la disfunción del endotelio vascular (capa delgada de las células que cubre internamente los vasos sanguíneos).
Ya en 1999 un reporte de investigadores del Harvard School of Public Health reveló que por lo menos 30.000 de las muertes al año por ataque cardiaco en los Estados Unidos podrían prevenirse si la gente reemplazara las grasas “trans”.
La American Heart Association coincide con la Oficina para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) y la Organización Mundial de Salud en que hay que disminuir al máximo su consumo para evitar enfermedades cardiovasculares, uno de los mayores problemas de salud para los próximos años.
Medidas
La Organización Mundial de la Salud (OMS) impulsa una campaña contra el consumo de este producto presente en la comida “chatarra”, alimentos envasados y en pasteles. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) también está preocupada y lanzó una campaña contra el consumo de esta sustancia.
En esa línea existen algunos antecedentes que armonizan con esa campaña:
En 2003, el abogado estadounidense Stephen Joseph entabló en California una querella legal tendiente a prohibir la venta de cierto tipo de galletas populares de Estados Unidos y en varios países de Latinoamérica, ya que entre sus principales ingredientes está el aceite hidrogenado.
En 2004, el Gobierno danés se convirtió en el primero en aprobar una dura medida contra las grasas “trans” a través de una ley que prohibió la presencia de más del 2 por ciento de este lípido en cualquier alimento.
En 2006, en Nueva York (Estados Unidos), la Junta de Salud aprobó de manera unánime que desde 2007 se prohíba el uso de estas grasas para preparar alimentos en restaurantes y otros establecimientos.
Canadá exigió que las etiquetas de alimentos informen si tienen este lípido.
En Europa, tanto en Islandia como en Finlandia se ha reducido el consumo de estas grasas gracias a la decisión de muchos productores.
En América Latina, oficiales de Salud de Costa Rica y recientemente de Argentina han estado trabajando con productores de alimentos para seguir los pasos europeos. Además, Brasil está implementando requerimientos de etiquetaje y avisos de salud al consumidor.
McDonald’s ya no usará las grasas “trans” en sus restaurantes en Brasil y Argentina.
Recientemente, Nueva York fue la primera ciudad de Estados Unidos en prohibir la venta de estos aceites en establecimientos y en supermercados.
Identifique dónde se encuentra el producto
La margarina es uno de los productos que las amas de casa usan en gran cantidad, lo compran porque es más económico que una mantequilla.
Palomitas de maíz de microondas. Es uno de los alimentos que más grasa “trans” contienen.
Galletas, gracias a estos lípidos, dichos productos son apetecibles al paladar, sobre todo entre los niños.
Pastelería, la repostería recurre a las grasas “trans” para alargar la vida útil del alimento y hacerlo más sabroso, por ejemplo: empanadas, rollos de queso, tortas, alfajores y otros.
Papas fritas de bolsa, sobre todo las que tienen sabor agregado como jamón, ajo, queso, contienen niveles excesivos de este aceite hidrogenado.
Pipocas saborizadas, chicitos y otros bocaditos fritos llevan demasiada cantidad de estas grasas nocivas para la salud.
Comida rápida. Los aceites con los que cocinan las hamburguesas y los pollos a la broaster y otros platos son un gran reducto de ácidos grasos hidrogenados.
Consejos
Comida saludable, las personas deben evitar comer muchas frituras, en especial la comida “chatarra” como hamburguesas, pollos broaster y papas fritas, sobre todo de noche. Freír las carnes con aceite, consumir alimentos cocidos al horno o a la plancha. Consumir alimentos saludables como las frutas, verduras y carne de pescado.
No abusar de la sal. Este condimento en exceso puede resultar perjudicial para el corazón.
Evitar fumar y aléjarse de las personas que lo hacen, pues el humo perjudica la salud de sus arterias.
Vigile su peso y sus niveles de glucosa (azúcar), colesterol y su tensión arterial.
Vigilar a los niños, ellos pueden abusar del consumo de golosinas, papas fritas y otros dulces nada nutritivos. Los niños deben aprender a diferenciar los alimentos nutritivos de los que sólo llenan el estómago.
Haga ejercicios, es necesario que las personas hagan ejercicios tres o cuatro veces a la semana durante una hora. Los trotes y la caminata ayudan a mantener en buen estado del corazón.
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